Evolución y finalidad de las Crónicas de Indias (siglos XVI-XVII)
Introducción
Hasta avanzado el siglo XVI, términos como crónica, historia, comentario o descripción se empleaban de modo sinónimo para referirse a “obras cuyo autor daba cuenta de hechos que realmente habían acontecido”. Solo a partir de 1569, con las Ordenanzas Reales de Juan de Ovando al Consejo de Indias, emerge una distinción formal entre crónica y relato histórico.
1. El papel del Consejo de Indias y las Ordenanzas de Ovando
Desde su creación en 1524, el Consejo de Indias fungió como el supremo órgano asesor del monarca en asuntos ultramarinos. Las Ordenanzas de Ovando (1569) buscaban dotar al Consejo de información rigurosa y variada, obligando a todos los viajeros a documentar sus experiencias. Pocos años después, la conquista de América adquirió forma épica culta en La Araucana (1569) de Alonso de Ercilla, inaugurando un nuevo vehículo literario para la narración de hechos históricos.
2. Lengua y estilo: del español áureo a los indoamericanismos
Los cronistas de Indias escribieron en un español áureo permeado por vulgarismos meridionales y, progresivamente, por préstamos indígenas. Este código lingüístico sirvió para describir:
- Descubrimientos geográficos (descripciones de lugares, montañas, ríos, costas).
- Culturas y costumbres indígenas (ritos, organización social).
- Vida criolla incipiente (nuevos usos y realidades coloniales).
La oralidad de muchos escribanos se refleja en grafías y giros híbridos, y aunque hoy no siempre podamos identificar al autor, la riqueza etnográfica de estos textos los distingue de la historiografía medieval.
3. Innovaciones etnográficas y científicas
Impulsados por la “curiosidad general” de los espacios exóticos, los cronistas incorporaron secciones etnográficas, botánicas, astronómicas y hasta lingüísticas. Frente a la fragmentación moderna de las ciencias, estos escritores intentaban ofrecer un retrato integral de la naturaleza y las sociedades americanas:
“Fue marchando el canpo por las más hondas y espantosas çierras y quebradas que pasamos en aquella provinçia; eran de estraña escuridad y peñolería, de manera que goçan poco de la claridad y luz del sol».
El uso de adjetivos antepuestos (espantosas, hondas) añade plasticidad expresiva y subraya la dureza de la experiencia.
«resonando el eco de sus coléricas bases en las cóncabas y alturas de los espantosos rriscos, quebradas y peñas [ … ] diversas y hondables sierras altísimas, rriscos y peñolería, que por su altura y espantable ondura era el retunbido estraño»
4. Retórica y géneros mixtos
A diferencia de la claridad normativa de la historiografía renacentista o la prosa forense, las crónicas americanas mezclan ambos modelos con recursos novelescos:
- Formulas de humildad al inicio y al cierre, muy al estilo de la época.
- Hipérboles y elogios que ensalzan la magnitud de las gestas coloniales.
- Interrupciones analíticas donde el autor despliega su erudición retórica, ampliando la descripción con comentarios personales.
El Inca Garcilaso, por ejemplo, en su “Proemio al lector” de los Comentarios Reales, reivindica su perspectiva nativa como fuente de verdad y autoridad.
«Aunque ha habido españoles que han escrito las repúblicas del Nuevo Mundo, como la de México y la del Perú, y la de otros reinos de aquella gentilidad, no ha sido con la relación entera que de ellos se pudiera dar que lo he notado particularmente en las cosas que del Perú he visto escritas, de las cuales, como natural de la ciudad del Cozco, que fue otra Roma en aquel tiempo, tengo más larga y clara noticia que la que hasta ahora los escritores han dado».
5. Finalidad práctica y control de la veracidad
Lejos de exaltar hazañas caballerescas, estas crónicas perseguían objetivos concretos: obtener oficios, prebendas y reconocimiento ante la Corona. Por ello, desde 1532 el Estado español incentivó el envío sistemático de relatos de viaje y exploración, y en 1573 las Ordenanzas del Bosque de Segovia obligaron a “hacer memoria de todo lo que vieran y hallaren… asentándolo en un libro”. Para garantizar la autenticidad, se prohibían las obras que no se ajustaran a la veracidad de los hechos o dañaran la imagen del imperio.
«No se trata –afirma R. González Echevarría– de heroicas hazañas que confieren honra y renombre a los cortesanos, y conquistan la mano de esquivas doncellas […J., sino de heroicas hazañas que granjeaban oficios y prebendas en la esfervescente sociedad de la época».
Por esto, probablemente, pese a que el asunto que narran merezca un tono noble y elevado, ya que de grandes hazañas se trata, el autor cambia frecuentemente de registro a lo largo de ella y la inicia y termina con las fórmulas de humildad propias de la época, con un cierto eco de los juegos de palabras propios de los libros de caballería que parodiaba Cervantes:
«E aunque es evidencia y notoriedad mi propio caudal, talento, esperiencia, estudio y exercicio de letras, e propuesto ser atrebido a ponerme en el peligro de la culpa de que pueda y deua ser culpada del juizyo a que my atreuimyento me pone al rriezgo de diuersas opiniones».
Conclusión
La evolución de crónica e historia en las descripciones de Indias refleja tanto la exigencia administrativa del imperio como el asombro intelectual del Renacimiento y la temprana modernidad. Estas obras mixtas, ricas en detalle etnográfico, lingüístico y retórico, nos ofrecen un testimonio único de la empresa americana y de los paradigmas que históricamente unen la literatura, la ciencia y el poder.
¿Has leído alguna crónica americana? Cuéntame qué te ha parecido…