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Política lingüística en América (siglos XVI y XVII)

El proceso de conquista y población de América coincide cronológicamente con una época de esplendor de la lengua española.

Para Antonio de Nebrija, el idioma había llegado a su más alto grado de esplendor y esto no era fruto de una política lingüística determinada, sino del hecho incontestable de que el castellano se había convertido en español.

La lengua española en el siglo XVI

A partir de aquí, durante el resto del XVI y XVII, la literatura española alcanza una plenitud de tal naturaleza que constituye por sí sola (dejando al margen aspectos de la cultura española sociales, religiosos y artísticos) uno de los momentos culminantes del espíritu humano.

«El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros, por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además, el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos científicos y artísticos» (R. Menéndez Pidal, Antología de prosistas españoles).

Lengua y evangelización

Lengua y evangelización van inevitablemente unidos, porque la propagación de la fe era la principal justificación de la conquista. Aparte de una obligación y un compromiso contraído ante el Papa, la evangelización -y no la política lingüística- era voluntad sincera de los reyes españoles, conforme a su mentalidad y sus creencias. La Reina Isabel se preocupa por esto y en las instrucciones de su Testamento no olvida incluir :

«…procurar inducir y traer los pueblos de ellas [las Indias] y los convertir a nuestra Santa Fe Católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme prelados y religiosos, clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir los vecinos y moradores de ellas a la fe católica y los doctrinar y enseñar buenas costumbres».

Las opiniones de los misioneros sobre la política lingüística

Recordamos las dificultades que encontraron los misioneros para aprender ellos mismos y explicar a sus compañeros las numerosas lenguas indígenas del Nuevo Mundo, con palabras de Fernando de Armas Medina:

 “el misionero reacciona de dos maneras simultáneas; de un lado, se afana por conocer las costumbres y la civilización de los neófitos para encauzar el trabajo apostólico, en lo posible, dentro de ellas, respetando el substrato primitivo que no constituyese impedimento; por otro, sigue el camino inverso, pretende inculcar al indio su propia mentalidad, su propio modo de ser y de pensar, para atraerle a su misma cultura, como camino aparentemente más fácil y seguro de conversión. […] Al fin vino a prevalecer una posición intermedia, como resultado de un mejor conocimiento y de una mayor experiencia».

En los primeros momentos de la conquista, prevaleció la actitud castellanizante, como consecuencia natural de los que estaba ocurriendo en la península Ibérica, más que de una política lingüística diseñada ex profeso.

Las lenguas nativas de América

El número de lenguas indígenas con las que se iba entrando en contacto desalentaba y hacía inviable aprenderlas todas en poco tiempo, el miedo a traducir mal conceptos esenciales de la religión (y  con ello el peligro de la herejía), etc. hacían ser cautos a la hora de extender la evangelización en lengua indígena.

Pero pudo más el buen hacer evangélico, la necesidad de acercarse al indio en su lengua y prescindir de intermediarios.

«La tentativa de enseñar el castellano venía estimulada por los penosos esfuerzos de los misioneros para comprender las lenguas indígenas. No podían dominar aquellos idiomas hasta entonces totalmente desconocidos, de los cuales no existían gramáticas ni vocabularios. Es más, en ellos faltaban vocablos adecuados «para declarar muchas cosas de la religión cristiana» […] Con el tiempo, los idiomas indígenas fueron aprendidos por los doctrineros, quienes además comenzaron a estudiarlos científicamente para facilitar la evangelización. Entonces, varía el parecer de la Corona.»

Siglos después, podemos debatir sobre las acciones realizadas, pero como consecuencia de la política lingüística en América, las lenguas indígenas se sostienen y afianzan, al menos las conocidas mayoritariamente.

Y desde luego el resultado es muy distinto al obtenido en otros procesos de conquista. ¿Qué otras situaciones conoces? ¿Qué opinas sobre las repercusiones actuales de estas decisiones? 

Cualohtli!

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