Política lingüística en América (siglos XVI y XVII)

El proceso de conquista y población de América coincide cronológicamente con una época de esplendor de la lengua española.

Para Antonio de Nebrija, el idioma había llegado a su más alto grado de esplendor y esto no era fruto de una política lingüística determinada, sino del hecho incontestable de que el castellano se había convertido en español.

La lengua española en el siglo XVI

A partir de aquí, durante el resto del XVI y XVII, la literatura española alcanza una plenitud de tal naturaleza que constituye por sí sola (dejando al margen aspectos de la cultura española sociales, religiosos y artísticos) uno de los momentos culminantes del espíritu humano.

«El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros, por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además, el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos científicos y artísticos» (R. Menéndez Pidal, Antología de prosistas españoles).

Lengua y evangelización

Lengua y evangelización van inevitablemente unidos, porque la propagación de la fe era la principal justificación de la conquista. Aparte de una obligación y un compromiso contraído ante el Papa, la evangelización -y no la política lingüística- era voluntad sincera de los reyes españoles, conforme a su mentalidad y sus creencias. La Reina Isabel se preocupa por esto y en las instrucciones de su Testamento no olvida incluir :

Isabel la Católica«…procurar inducir y traer los pueblos de ellas [las Indias] y los convertir a nuestra Santa Fe Católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme prelados y religiosos, clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir los vecinos y moradores de ellas a la fe católica y los doctrinar y enseñar buenas costumbres».

Las opiniones de los misioneros sobre la política lingüística

Recordamos las dificultades que encontraron los misioneros para aprender ellos mismos y explicar a sus compañeros las numerosas lenguas indígenas del Nuevo Mundo, con palabras de Fernando de Armas Medina:

 “el misionero reacciona de dos maneras simultáneas; de un lado, se afana por conocer las costumbres y la civilización de los neófitos para encauzar el trabajo apostólico, en lo posible, dentro de ellas, respetando el substrato primitivo que no constituyese impedimento; por otro, sigue el camino inverso, pretende inculcar al indio su propia mentalidad, su propio modo de ser y de pensar, para atraerle a su misma cultura, como camino aparentemente más fácil y seguro de conversión. […] Al fin vino a prevalecer una posición intermedia, como resultado de un mejor conocimiento y de una mayor experiencia.

En los primeros momentos de la conquista, prevaleció la actitud castellanizante, como consecuencia natural de los que estaba ocurriendo en la península Ibérica, más que de una política lingüística diseñada ex profeso.

Las lenguas nativas de América

El número de lenguas indígenas con las que se iba entrando en contacto desalentaba y hacía inviable aprenderlas todas en poco tiempo, el miedo a traducir mal conceptos esenciales de la religión (y  con ello el peligro de la herejía), etc. hacían ser cautos a la hora de extender la evangelización en lengua indígena.

Pero pudo más el buen hacer evangélico, la necesidad de acercarse al indio en su lengua y prescindir de intermediarios.

«La tentativa de enseñar el castellano venía estimulada por los penosos esfuerzos de los misioneros para comprender las lenguas indígenas. No podían dominar aquellos idiomas hasta entonces totalmente desconocidos, de los cuales no existían gramáticas ni vocabularios. Es más, en ellos faltaban vocablos adecuados «para declarar muchas cosas de la religión cristiana» […] Con el tiempo, los idiomas indígenas fueron aprendidos por los doctrineros, quienes además comenzaron a estudiarlos científicamente para facilitar la evangelización. Entonces, varía el parecer de la Corona.»

religiosos e indigenasSiglos después, podemos debatir sobre las acciones realizadas, pero como consecuencia de la política lingüística en América, las lenguas indígenas se sostienen y afianzan, al menos las conocidas mayoritariamente.

Y desde luego el resultado es muy distinto al obtenido en otros procesos de conquista. ¿Qué otras situaciones conoces? ¿Qué opinas sobre las repercusiones actuales de estas decisiones? Cualohtli!

Eva Bravo, Catedrática de Lengua Española de la Universidad de Sevilla. Investigo sobre Español de America, la historia de la lengua española y las variedades del español. ¡Aquí hablamos en español y sobre el español!

Eva Bravo

  • Hola
    Antes de más nada felicitarle por su pagina y por sus artículos en la red. Me están siendo muy útiles en mi investagación sobre el español de América. Me aportan muchos datos nuevos.
    Me gustaría, si puede ser, que me ayudase un poco:
    Tiempo atrás, no sé dónde, lei que durante el periodo insular de la colonización americana, en la confusión de aquellos momentos se llevaron interpretes vascos porque se creía que estos tenían una mayor facilidad para comunicarse con los nativos. Lo lei una vez y ya ni recuerdo cuál fue la fuente bibliografíca.
    Conoce usted algo sobre este asunto en particular?
    Un saludo

  • La evangelización y la lengua van unidas indudablemente, y es que no hay evangelización sin comunicación entre los indígenas y los conquistadores. En un primer momento la comunicación era imposible, se comenzó a partir de gestos y señalamientos pero esto traía consigo errores y equivocaciones. Hubo un intento por parte de los religiosos de aprender la lengua indígena, pero había tanta variedad de lenguas, que no podían aprender todas y cada una de las lenguas para poder llevar a cabo su objetivo de evangelizar, así que tomaron la decisión de de que la evangelización se llevaría a cabo a partir de que los indígenas aprendieran el castellano.
    Pensaron en el castellano como punto lingüístico común entre una población y otra, y eligieron el castellano que podríamos decir que tenía el privilegio lingüístico, o que podríamos, mejor dicho decir, el castellano estándar. No obstante, como los conquistadores y repobladores eran de las distintas zonas del mapa peninsular, traspasando sus rasgos propios, de los que más se difundieron eran de Andalucía, y más concretamente de Sevilla.
    El castellano en estos siglos de Oro había alcanzado su máximo culmen en esplendor y difusión. Nebrija pensó que debía fijar la lengua en este estado, por ello realizo la Gramática con la ayuda las bendiciones de la reina Isabel.
    En esta época había diferentes conciencias sobre la lingüística, desde el escribo como hablo de Valdés y su Dialogo de la lengua, al gusto por el lenguaje de los literarios que después adoptará la Real Academia Española en su Diccionario de Autoridades. Valdés y Nebrija estaban enfrentados, Valdés critica a Nebrija de ser andaluz. Además de esto esta el concepto de norma, hablando de norma toledana o de norma sevillana, hasta que se implanta el castellano en estas épocas.

    La decisión que tomaron los religiosos evangelizadores al adoptar el castellano como lengua de comunicación con los indígenas, es que muchas de esas lenguas indígenas se perdieron sin estar documentados y hoy es una pena que se hayan perdido sin haber podido ser estudiadas. Sin embargo, yo tomaría la misma decisión, uso del castellano para evangelizar, pero sin llegar al punto de pérdida de las lenguas indígenas.

  • Una consideración importante, desde el principio de la conquista y población de América, era la relación entre la religión, la política y la lengua. Con respecto a las consecuencias actuales de la política lingüística descrita, creo que todavía tiene un papel importante el vínculo entre la religión y la lengua. Ya que los españoles les enseñaron el catolicismo a los indios en castellano hace unos siglos, esta religión y lengua eran vinculadas allí. Otra consecuencia es la unificación lingüística de los países americanos. Antes de la llega de los españoles, diferentes regiones de América tenían lenguas indígenas distintas. Hablar una lengua común es algo unificador, y eventualmente resulta en el comportamiento de no sólo una manera de comunicar, pero también cultura, costumbres y una forma de pensar. Por lo tanto, la castellanización de América unificó los indios con los españoles, pero también unificó los indios entre sí mismos. Por otro lado, para muchos americanos el castellano sirve como un símbolo o resto de la presencia española. Cuando las actitudes sobre esta presencia cambiaban, como con el desarrollo de los movimientos de independencia, podría haber causado un rechazo de las cosas recordativas de España, tal como el castellano.

    Si yo tuviera que decidir una política lingüística en América en el siglo XVI, tendría que tener en cuenta dos cuestiones principales: la evangelización rápida y efectiva, y la relación general con los indios. Estoy de acuerdo en que la castellanización era el método más eficiente de difundir la doctrina católica. Implicaba el aprendizaje de solamente una lengua, y los españoles no tenían que preocuparse por la posibilidad de mal traducir las doctrinas a las lenguas indígenas. Yo empezaría inmediatamente con la enseñanza del castellano. Pero lo combinaría con enseñanza en la lengua indígena local para 1) establecer más confianza y 2) asegurar la mejor comprensión de las ideas que los misioneros les enseñan porque, especialmente para las generaciones mayores, es más difícil aprender una segunda lengua. Establecería centros especializados en determinadas lenguas indígenas. Así los misioneros no tendrían que estar abrumados por la cantidad de lenguas indígenas, ya que sólo necesitarían enfocarse en una – la del área donde está su centro especializado. Aunque lo ideal sería tener misioneros especializados para cada lengua indígena, entiendo que esto no es muy realista. Al menos, especialistas en las 4 “lenguas generales” establecerían una conexión más fuerte, y con más confianza, entre los misioneros y los indios. Bien para el respecto a la cultura indígena así como la eficacia de la evangelización, utilizaría una enseñanza principalmente en castellano, pero con el reforzamiento en lenguas indígenas.

  • Valoración personal de las políticas lingístüísticas en la América del Siglo de XVI

    La imposición del español como vehículo de la religión católica estuvo acompañada de su uso como lengua de la administración; ello provocó que el español, frente a las lenguas indígenas adquiriese el valor de la lengua de prestigio. Con la religión católica como única fe y la gestión de las colonias exclusivamente en español, el uso de las lenguas nativas quedó restringido al ámbito privado de los indios o a zonas de menor influencia española.
    Como consecuencia de ello, en la actualidad, las lenguas precolombinas no se encuentran normalizadas y los hablantes que las manejan presentan una competencia comunicativa inferior a la que les ofrece el uso de español. Pese a ello taíno, quechua, mapuche, nahuatl, como el resto de las lenguas ameriindias siguen ejerciendo una importante influencia como lenguas de sustrato.
    Caso aparte es el del guaraní, única de estas lenguas que en la actualidad comparte ser lengua oficial en América (en Paraguay) junto al español.
    En mi opinión, si hubiera sido una conquistadora de América, hubiera dejado a los indígenos guardar una parte de su cultura. Las españoles intentaban eliminar todas las lenguas nativas para subir el poder y dominar a la gente indígena. Matando su cultura y sus costumbres disminuían su motivación para sobrevivir. Hubiera dejado que los indios conservaran su lengua además de aprender la española.

  • Como se leen en los textos la lengua española era en el siglo XVI la lengua prestigiosa entre otras lenguas esto venía acompañado entre otras cosas al éxito de la península en los Siglos de Oro, era una de las principales potencias europeas. La lengua está en su nivel más alto, hasta entonces no había alcanzado tanto esplendor, como bien decía Valdés sobre la lengua “La cumbre de nuestra lengua está en lo más alto, más que subida, solo se puede esperar el descendimiento de ella” y a todo estos acompañan las ideas de Nebrija de la lengua como compañera del Imperio. La lengua tiene un poder unificador y si querían que los territorios del Nuevo Mundo fueran dominio de la corona española, así pues, siendo críticos ¿Qué lengua sino utilizarían para llevar a cabo sus tareas allí?
    España siempre ha sido un país profundamente religioso, más aún en aquella época, y la lengua está íntimamente ligado a las cuestiones religiosas: ritos, evangelios… y además eran los eclesiásticos los que dominaban el mundo de la cultura y el saber. Este es otro motivo más para los procesos de castellanización en Las Indias.
    Si bien, es cierto que los misioneros (que eran principalmente religiosos) intentaron aprender las numerosas lenguas indígenas que había en los nuevos territorios y que, ante la desesperación de la enorme dificultad que suponía aprenderlas, se vieron en la necesidad, más que obligación, de elegir unas lenguas indígenas determinadas, las más generales o extendidas, para aprenderlas ellos mismos y usarlas, además de para aprender la cultura y mundo indígena, para sus propios fines: la evangelización…¿Qué ocurre con esto? Pues que muchas lenguas indígenas desaparecieron puesto que las nuevas generaciones iban conociendo ya no solo el castellano, sino cualquiera de las lenguas más generales teniendo en cuenta además que en muchas universidades se crearon cátedras en lenguas indígenas, lenguas indígenas de las más extendidas, pues eran las únicas que habían recibido una estructuración y determinación en el sentido de que se le hicieron unas gramáticas y literaturas propias. El hecho de fijar una lengua por el escrito, o ya no solo eso, sino el hecho de ser o tener una lengua escrita supone un cierto poder frente a otras que no la tienen, poder y prestigio. Esto viene también, a que como dice el primer texto de este apartado, la prosa castellana gozaba de una gloria y hermosura nunca antes alcanzada.
    Hay otra cuestión interesante en ese mismo texto, la difusión por todo el mundo “civilizado”. Con esto hay que entender, desde la perspectiva del siglo XVI, que lo civilizado es todo el territorio español peninsular, Las Américas es lo no-civilizado…pues bien, si la tarea de los misioneros allí era civilizar no podían usar otra lengua más que el español para ellos, así pues parece que la lengua está ligada también de forma más o menos directa a la civilización. Además, civilización y evangelización parecen tener el mismo sentido en estos momentos de auge del Imperio español.
    Es muy difícil decir qué método, qué decisión o qué opción, sería la más correcta para todo esto, todo hay que verlo desde una perspectiva del siglo XVI, tal vez hoy en una situación como esta adoptaríamos una actitud distinta y otros métodos y puede, o no, que las consecuencias fueran distintas.

  • En ambos textos encontramos que la situación que aconteció a América en sus inicios fue una recopilación de factores en jerarquía: la lengua, la religión y la política; la política de los Reyes Católicos dependía, en gran parte, de la religión; la lengua castellana dependía de las decisiones políticas; y la religión, a su vez, quiso tomar la lengua como uno de sus vehículos para expandirse. Esto pudo generar un sinfín de posibilidades que quedaron reducidas en cuanto cayó uno de los tres factores que hemos nombrado antes: la lengua. Para recuperar este pilar perdido se recurrió a aprender las lenguas indígenas (y con la ayuda de dibujos, la mímica y del teatro) para evangelizar las nuevas zonas con los respectivos problemas que esto conlleva, destacando el inmenso número de lenguas que allí existían y que se solucionó seleccionando las modalidades lingüísticas que más indios conocían y que son de las que hoy más sabemos (en su mayoría).

    A pesar de estos intentos por “promocionar” las lenguas indígenas, el idioma materno tanto de conquistadores, exploradores, evangelizadores como de personas que fueron a América a probar suerte fue el castellano, que pronto se vería como la lengua prestigiosa, desembocando en su extensión frente a la minimización de las lenguas indígenas. A día de hoy, en la situación de la América panhispánica, esto se corresponde con las distintas modalidades del español que allí conviven y, aunque algunas lenguas sobreviven de forma austera, el influjo de estos indigenismos repercute mayormente en la capa léxica de las modalidades americanas.

    Si tuviese que proponer una política lingüística para la época, señalaría primero el principal problema: la imposibilidad de llevar la religión católica a las nuevas tierras por el gran obstáculo que supuso la barrera lingüística, llevando a los dirigentes españoles a una de las pocas soluciones viables: maximizar el acercamiento a los indios de primera generación, donde comenzaría la enseñanza de castellano; exponiendo esta situación a la continua llegada de pobladores de la península a tierras americanas que exportarían su lengua, quedando esta como la del uso prestigioso, haría que las generaciones venideras se interesasen más en ella con lo que se elevaría exponencialmente su difusión, así como la de la religión que predica y las leyes que promueve, sosteniendo los tres pilares básicos que nos ocupan: política, religión y lengua.

  • Al leer los dos textos, nos damos cuenta de la relación inextricable entre lengua, evangelización (que constituye uno de las herramientas de la Iglesia Católica) y la política. Cuando se produjo la conquista, se opusieron dos mundos distintos tanto a nivel de las costumbres como de la lengua, de las tradiciones, de la religión… En ambos partes, tuvieron lugar constantes reajustes mediante los procesos de aculturación y de transculturación (y a veces inculturación) para poder identificarse al otro. Esta fase de identificación tuvo que hacerse también mediante la lengua. Pero, en el caso de América Latina, frente a la multitud de lenguas indígenas existentes, los misioneros tuvieron que encontrar otras formas de comunicación para, sobre todo, transmitir a los pueblos indígenas el dogma de la fe católica. Además, en la ideología de los pueblos indígenas, su lengua no podía trasladar la realidad europea en la medida en que las palabras tenían un significado apropiado a su realidad. Frente a su dificultad, los misioneros solicitaron dos soluciones: la castellanización o la indigenización. Así, la mejor opción fue superar el concepto de aculturación para ir hacia el de transculturación y admitir la mezcla del español con las lenguas indígenas.
    En cuanto a las repercusiones actuales, lo que se puede añadir es que en América Latina hay una clara situación heterogénea a nivel de la lengua aunque el castellano sea la lengua oficial. Después de los procesos de independencia, tanto desde un punto de vista político como lingüístico, no se pudo obtener una unión entre los diferentes países debido a diferentes factores (ideologías diferentes, culturas diversas, distancia geográfica…) No obstante, incluso hoy en día hay una superveniencia de idiomas indígenas y tanto el español como las lenguas indígenas tienen todas el estatuto de lenguas nacionales. Asimismo, podemos pensar que este tipo de situación esta en juego cada vez que hay una situación de confrontación entre dos naciones.
    En mi caso, pienso efectivamente que la mejor manera de entrar en contacto con otra cultura es primero, intentar entenderla y no actuar por la fuerza o la represión. Claro, hay que tener en cuenta que en el siglo XVI los avances y los conocimientos no eran iguales a los que tenemos hoy en día y el peso de la religión permitía justificar muchísimos actos bárbaros. Para poner en práctica una política lingüística, estoy convencida de que se tienen que mezclar varios procesos (políticos, sociales, históricos…) y hubiera podido ser posible el nacimiento de una tercera lengua que hubiera tenido como raíz los rasgos generales de las lenguas indigenistas y los rasgos característicos del español. Pero es una solución compleja y a lo mejor utópica y hay que recordar que en aquel tiempo, los misioneros no tenían el tiempo para un trabajo tan fastidioso.

  • Los misioneros no podían evangelizar a los indígenas ni con tanta sofisticación como les gustaría ni tan pronto como querían debido a la falta de una lengua común entre ellos y los nativos. Podían hacer dibujos para ilustrar los conceptos más básicos, y desarrollar escuelas de teología mientras que aprendieran las lenguas generales y los indígenas aprendieran el castellano. Pero sus decisiones eran todavía dentro de límites, y el resultado de esta política de tratar de enseñar su propia lengua y aprender las lenguas generales en el mismo momento se ve en el efecto de las lenguas en la estructura morfo-sintáctica y en el léxico del español de América, y en la dificultad de mantener una vida cultural que no incluye la influencia de los misioneros a través de las lenguas indígenas que se aprendían.

    La preservación de las lenguas hoy es difícil si no es útil fuera de la cultura y el tribu, a menos que la gente sea determinada a hacerlo, tenga una tasa de natalidad alta para seguir inculcando a los niños el valor de la lengua, y que la sociedad alrededor no prevenga la supervivencia de la lengua y la cultura. Por ejemplo: el navajo. Según el censo estadounidense de 2007, había 170.717 hablantes de la lengua, pero el número de niños que hablan navajo como su primera lengua está bajando.

    Si pudiera recomendar una política lingüística para el siglo XVI, aconsejaría que las escuelas se enfocaran en sólo una o dos lenguas generales además del castellano para que los españoles y los indígenas las aprendieran bien. A pesar de que esta política sería menos conveniente para los indígenas cuyas lenguas no estuvieran tan relacionadas con el número más bajo de lenguas generales, facilitaría el proceso de aprendizaje entre los europeos y los indígenas puesto que no tendrían que hacer tantas distinciones y traducir tantas veces para que la religión fuera potencialmente disponible a todos. Y no obligaría que los indígenas se convirtieran en cristianos antes de aprender bien las doctrinas de la fe – sería mejor un proceso de integración casi voluntaria, con tal de que los reinos de España creyeran que los indígenas querían convertirse al cristianismo gracias a la paciencia de una enseñanza más deliberada y correcta.

  • Como recoge la profesora Eva Bravo, la lengua en época de Nebrija había llegado a su máximo esplendor. La política ejercida por los Reyes Católicos impulsó la expansión de la lengua española por otros lugares nunca antes conocido, América.
    Primero está la situación histórica de España. Es un momento álgido para la lengua castellana, la aparición de gramáticas y la aparición de tratados sobre la lengua ponen en evidencia esto dicho. Hay diversas opiniones sobre la lengua romance procedente del latín, los gramáticos debaten sus usos y lo que es correcto y lo que no. Todo esto llega también a América, es más aquí el escribir gramática es una tarea pedagógica, pues a partir de estos tratados se educa al indio.
    En el Renacimiento el modelo a seguir es el hombre que sabe combinar las armas y las letras. Esta idea tan arraigada en España y que se llevará también al Nuevo Mundo tuvo incidencias directas en la literatura. Ya Fernando de Herrera lo ponía en evidencia en los comentarios hechos a Garcilaso de la Vega. El hombre renacentista debía combinar estas dos premisas, puesto que la grandeza militar por aquel entonces alcanzada (recordemos la Batalla de Lepanto) se equipara a la grandeza de la lengua española de los siglos XV y XVI, reencarnada en figuras como la de Garcilaso, Gutiérrez de Cetina, Aldana, etc.
    Además de ello, cabe destacar el ámbito religioso. Cuando se llega a América las órdenes religiosas son las encargadas de fundar su convento y de llevar a cabo su labor evangelizadora. Los indios formaban parte de la corona española, eran un ciudadano más, por eso, había que velar por él. Bajo mi punto de vista la acción realizada por estos frailes ya fueran mercedarios, dominicos, agustinos… fue extraordinaria, se preocuparon por civilizar al indio, por enseñarle la doctrina cristiana, pero todo eso, sin ningún tipo de interés, todo lo hacían por caridad.
    Sí es cierto, que en un primer momento se intentó castellanizar al indio, puesto que mejor que aprender la doctrina católica que en castellano, ya lo decía Carlos V, el español es el idioma para hablar con Dios. Ante tanta diversidad con la que se encontraron estos frailes, no tuvieron más remedio que aprender su idioma, al menos uno de ellos, el que fuera entendido por la mayoría de los indios, para así crear una relación más directa con el indio y poder transmitir lo que deseaban.
    Actualmente, podríamos pensar: ¿por qué no se insistió más en castellanizar al indio? ¿Por qué a la larga se estableció en el Nuevo Mundo lenguas indígenas oficiales? El deseo por castellanizar al indio siempre estuvo en el espíritu de los conquistadores, pero era un esfuerzo enorme tanto para el indio como para el conquistador, como resultado tenemos hoy día, el español como lengua genérica de América, aunque se siguen hablando lenguas indígenas.
    Bajo mi punto de vista, esta diversidad lingüística y la existencia de lenguas indígenas hoy día se deben en parte a lo ocurrido siglos atrás. Sabemos que el español de América tiene influencias de estas lenguas indígenas, pero si sabemos tanto es porque hoy día se siguen hablando y porque hay un gran interés por conservar ese estado primitivo para poder reconstruir la lengua y sus cambios desde un punto de vista sincrónico. Las soluciones que se podían haber dado serían distintas.
    Por un lado, imponer el habla castellana rechazando todo aquello que tenga que ver con la lengua indígena hubiera dado paso a una situación casi desesperada para el indio, puesto que aprendería una lengua nueva muy diferente a la suya por mera supervivencia. Otro resultado podría haber sido, lo que conocemos hoy día como situación de superestrato, es decir, se hubiera llevado a cabo la desaparición de la lengua española en cuyo lugar se hubiera impuesto una de las lenguas indígenas afortunadas, aunque los rasgos castellanos perdurasen por ese contacto directo (cosa que suele ser más rara porque lo normal es que haya en las tierras conquistadas una situación de sustrato, quedando la lengua castellana como la lengua más usada en el territorio pero con influencias de lenguas anteriores, o sea, de las lenguas indígenas). O bien, tenemos la situación actual la generalización del castellano pero con la supervivencia de algunas lenguas indígenas, sobre todo, la de los grandes imperios de América antes de la Conquista española.
    Entrar en este debate es enfrentarnos con diversas posibilidades que podrían o no podrían haber sido. A mi me gustaría decir, que hay quienes quieren reprochar a esos conquistadores el no haber hecho un mayor esfuerzo por castellanizar al indio, pero ¿qué resultado tendríamos hoy? ¿Podríamos hablar de la existencia en el siglo XXI de lenguas indígenas? ¿Se podría llevar a cabo un estudio tan minucioso de los rasgos del español de América sin remitirnos al origen?
    Si pensamos en una situación similar, tengamos en cuenta la situación de la Península antes del establecimiento del latín, estamos hablando de las lenguas prerromanas. Hoy día es fruto de debate el saber con exactitud los rasgos de aquella diversidad, por ejemplo ¿de dónde procede el vasco? ¿Qué características de sustrato podemos atribuir de manera exacta? Estas son preguntas que nos plantearíamos , sino tuviéramos ese conocimiento de las lenguas indígenas.

  • La Corona española atrapada entre la necesidad de obtener riquezas del Nuevo Mundo y el objetivo evangelizador de los Reyes Católicos, presentó la colonización de América como un hecho otorgado por la divina providencia. La finalidad evangelizadora perseguida por la Corona española afianzó la idea de que tanto la lengua española como la religión cristiana están inevitablemente unidas. La religión cristiana suscitó en los cristianos el deseo de viajar a América. Los indios del Nuevo Mundo no fueron convertidos en esclavos por petición de la Reina Isabel, a quien no le interesaba tener esclavos en su Reino, sino vasallos fieles y leales que se rigieran por los mismos derechos de la Corona española, esto suscitó el interés en los indios por la lengua castellana, pues sólo aquellos que conocían el castellano podían medrar socialmente. Además, hay un interés por América desde España, pues se concibe como una nueva realidad con mucho potencial. Fueron muchos los conquistadores, misioneros y religiosos que pusieron rumbo al Nuevo Mundo, siendo estos dos últimos los que más se interesaron por la cultura indígena. La gran labor evangelizadora de los Reyes Católicos en el Nuevo Mundo facilitó la difusión de la lengua castellana, de la lengua latina y la fijación por escrito de lenguas indígenas que no contaba con ningún tipo de soporte escrito. Este interés por la cultura de los pueblos aborígenes hizo que los pueblos conquistados no viesen al español como un opresor. La reducción de lenguas indígenas y la difusión de las lenguas generales facilitó a los religiosos la labor evangelizadora, y la castellanización del indio facilitó la inmediatez comunicativa entre ambas culturas. La conquista de América por parte de la Corona española fue bastante sosegada, y si no hubiese habido un proceso de evangelización, probablemente hubiese habido un proceso de fragmentación, persecución y matanza y el proceso de colonización hubiese sido muy diferente, porque probablemente el indio hubiese identificado al español con la figura del opresor y hubiese habido un rechazo hacia la cultura y la lengua española por parte de los pueblos indígenas.

    Si yo hubiera tenido que imponer una política lingüística en América, hubiera creado más centros de enseñanza en los que se impartieran clases no sólo de Lenguas Generales, sino también del resto de lenguas indígenas, y hubiera peleado más por preservar toda esa variedad lingüística del Nuevo Mundo, para que hoy en día , al igual que ocurre en comunidades como Galicia, Cataluña o el País Vasco, los hablantes conservaran la habilidad de hacer uso de dos lenguas, la oficial, y la suya propia reflejo de sus orígenes.

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