Guagua: una palabra viajera con alma americana
Dedico esta entrada a una palabra sencilla, cotidiana… y fascinante: guagua.
¿Te has fijado en que significa cosas muy distintas dependiendo del país? En Chile y en Ecuador es un bebé. En Cuba, República Dominicana o Canarias, es un autobús. ¿Cómo es posible? ¿Qué historia esconde esta palabra aparentemente inocente?
Te invito a descubrirla. Porque tras esas dos sílabas hay siglos de historia, contacto de lenguas, desplazamientos y resignificaciones.
1. ¿Qué significa «guagua»?
Lo curioso es que depende de dónde estés:
- En Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Canarias y partes de Colombia, guagua es un autobús, generalmente urbano o interurbano.
- En Chile, Perú, Bolivia y Ecuador, guagua es una criatura pequeña, un bebé, incluso un término cariñoso para niño.
Dos significados muy distintos, pero coexistentes en el español de América. ¿Qué origen tiene esta palabra? ¿Hay una conexión entre ambos sentidos? Veamos.
2. Origen quechua: wawa
El Diccionario de americanismos (ASALE, 2010, Madrid: Santillana) recoge el término guagua como voz de origen quechua: wawa, que significa ‘niño pequeño’. Se trata de un préstamo antiguo y muy extendido en el español andino.
Esta palabra es perfectamente regular en su evolución fonética: el fonema /w/ quechua se adaptó al español como /gu/, siguiendo patrones comunes en otros préstamos. Así ocurrió también con waka (‘vaca’), warmi (‘mujer’) o wira (‘grasa’), que en muchos dialectos andinos se castellanizaron.
La forma “guagua” para referirse a niños aparece ya en documentos americanos del siglo XVII y se ha mantenido viva hasta hoy, con un uso muy afectivo.
Según María Teresa Zavaleta en Vocabulario del español andino (Lima: PUCP, 2001), guagua es una de las voces más frecuentes en la zona surandina y se utiliza no solo en la lengua cotidiana, sino también en literatura, teatro y expresiones rituales como las guaguas de pan en Todos los Santos.
3. ¿Y el autobús? Un origen diferente
Ahora bien… ¿cómo llega a significar “autobús” en el Caribe? Aquí el origen es completamente distinto y tiene una historia más moderna.
Según Orlando Alba, el uso de guagua como ‘autobús’ surgió en Cuba en las primeras décadas del siglo XX.
La hipótesis más aceptada es que proviene del inglés «waggon» o «baby waggon», que designaba un tipo de vagón pequeño para pasajeros, especialmente en zonas urbanas. Al español caribeño se incorporó como guagua, probablemente por imitación fonética, y con el tiempo designó al autobús en general.
Otra hipótesis, menos documentada pero aún mencionada en fuentes populares, afirma que se trata de una onomatopeya, como el sonido que hace el claxon de los vehículos (¡gua-gua!). Sin embargo, no cuenta con respaldo filológico sólido.
4. Dos palabras, dos historias
Así que tenemos dos palabras homónimas, con orígenes distintos:
- Guagua ‘niño’ viene del quechua wawa, con siglos de presencia en el español andino.
- Guagua ‘autobús’ viene del inglés waggon, con presencia en el Caribe y Canarias desde el siglo XX.
No están relacionadas, pero ambas se han integrado plenamente en el español de América y forman parte del habla cotidiana de millones de personas. Y eso nos recuerda algo importante: la lengua no es lógica, pero sí profundamente humana. Está llena de accidentes, préstamos, coincidencias… y belleza.
5. ¿Y la RAE?
La Real Academia Española incluye guagua en el Diccionario de la lengua española, con doble entrada:
- guagua: ‘niño de corta edad’ (voz quechua).
- guagua: ‘autobús de transporte público’ (uso en Canarias, el Caribe y zonas de Colombia).
Esto refleja la diversidad panhispánica que, poco a poco, ha ido reconociendo el diccionario académico.
Recomendaciones
- Diccionario fundamental:
Diccionario de americanismos, Asociación de Academias de la Lengua Española. Madrid: Santillana, 2010. - Estudio especializado:
Diccionario del español de Cuba. Madrid: Gredos 2000. - Para conocer más del quechua en el español:
Rodolfo Cerrón Palomino. Las lenguas de los incas: el puquina, el aimara y el quechua (2013). Fráncfort del Meno: Peter Lang.
Y recuerda: cada palabra que usamos es una cápsula de historia. Solo hay que saber abrirla.