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Fray Bernardino de Sahagún: el primer etnolingüista del Nuevo Mundo

Te presento a una figura fascinante. Un fraile franciscano que llegó a Nueva España en 1529 y que, lejos de limitarse a evangelizar, decidió observar, escuchar, aprender… y escribir. Su nombre es Fray Bernardino de Sahagún. Y lo que hizo fue mucho más que una crónica: fue una revolución intelectual.

Podemos decir que Sahagún fue, sin saberlo, el primer etnolingüista de América. Y en este episodio quiero contarte por qué su obra sigue siendo tan importante para entender el español, las lenguas indígenas… y la historia misma.

1. ¿Quién fue Fray Bernardino de Sahagún?

Nacido en Sahagún, León, hacia 1499, en la familia Ribeira. Estudió en la Universidad de Salamanca y se formó en humanismo, latín y teología. En 1529 viaja a Nueva España como misionero franciscano.

Allí aprende náhuatl, se convierte en maestro, misionero y lingüista, y comienza una empresa titánica: recopilar todo el conocimiento posible sobre la cultura, la religión, las costumbres, la lengua, la medicina y la historia de los pueblos nahuas.

Su principal obra, el Códice Florentino, es un proyecto monumental que combina texto en español, en náhuatl y centenares de ilustraciones. Fue escrita en el siglo XVI… pero es sorprendentemente moderna.

2. ¿Por qué es tan innovadora su obra?

Porque Sahagún no impone su visión: escucha. Entrevista a sabios indígenas, recopila testimonios orales, contrasta versiones, traduce sin borrar. Es decir, respeta la voz del otro. Para ser un europeo del siglo XVI, eso ya es notable.

Además, no se limita a describir: clasifica, compara, analiza. Organiza la información por temas: dioses, rituales, fiestas, educación, enfermedades, animales, flores, mitología…

Su método recuerda a los antropólogos modernos. Y todo lo hace en náhuatl y en español, en paralelo. Esa decisión no era casual: para Sahagún, entender al otro era condición necesaria para evangelizar… pero también para comprender.

3. Una lengua en traducción constante

La obra de Sahagún es un tesoro para los lingüistas. ¿Por qué?

Porque al incluir los textos en náhuatl y su traducción al español, nos permite observar cómo se traduce, cómo se adapta, cómo se amplía el español para dar cuenta de realidades culturales nuevas.

Muchas veces no hay equivalencias exactas. Un término religioso indígena no tiene traducción directa, y Sahagún lo explica, lo comenta, lo aclara. Otras veces crea soluciones híbridas. Y siempre deja ver su esfuerzo por no tergiversar.

Este trabajo doble revela mucho sobre los límites del español en contacto con otras lenguas… y sobre su capacidad de expansión.

4. El español como lengua de mediación

Sahagún sabía que el español no era suficiente para explicar el mundo indígena. Por eso trabajó en los dos planos: la lengua del colonizador y la lengua del colonizado. Y eso convierte su obra en un ejemplo temprano —quizá el primero— de lingüística de contacto en América.

En sus páginas se mezclan expresiones propias del náhuatl con el español de la época, con estructuras sintácticas influenciadas por el pensamiento nahua. Leer a Sahagún es leer una lengua en proceso de mestizaje.

Y no olvidemos que buena parte de su obra fue censurada o ignorada durante siglos, precisamente porque mostraba demasiado respeto por el mundo indígena.

5. El legado de Sahagún

Hoy el Códice Florentino se considera una joya de la historiografía, de la etnografía y de la lingüística. No solo por su contenido, sino por su método. Sahagún no impuso una única verdad: recogió voces múltiples, incluso contradictorias.

Su trabajo nos muestra que el español en América no nació solo de la imposición, sino también del diálogo. Un diálogo tenso, sí, desigual, pero también lleno de preguntas, de traducciones, de descubrimientos mutuos.

Recomendaciones

  1. Lectura: Códice Florentino. Hay ediciones bilingües en línea, especialmente en la Biblioteca Digital Mundial (World Digital Library). Empieza por el Libro XI, dedicado a las hierbas, flores y animales. Es fascinante.
  2. Ejercicio para estudiantes: compara una descripción del mundo indígena escrita por Sahagún con la de otro cronista como Hernán Cortés o López de Gómara. ¿Cómo cambia el tono? ¿Qué voces se escuchan o se silencian?
  3. Reflexión: leer a Sahagún no es solo leer el pasado. Es entender que toda lengua —también el español— es un espacio de encuentro, de traducción y de poder.
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