Colorful words and symbols drawn on open hands expressing emotions and identity.
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Lo que no está en la RAE: voces vivas del español popular

Hoy quiero hablarte de lo que no está. De lo que no aparece en el diccionario. De esas palabras que usamos a diario, que oímos en la calle, en la radio, en las redes, pero que todavía no tienen asiento en la Real Academia Española.

Este episodio es un homenaje al español popular. Al que se escapa por los bordes de la norma, al que resiste la oficialidad, al que florece en las esquinas del lenguaje académico.

1. ¿Qué significa “no estar en la RAE”?

Primero, una aclaración: cuando decimos que una palabra “no está en la RAE”, nos referimos al hecho de que no figura en el Diccionario de la lengua española elaborado por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

Eso no significa que la palabra no exista, ni que esté mal dicha. Simplemente significa que no ha sido incluida como entrada reconocida en esa obra de referencia. Pero la lengua no vive solo en los diccionarios. Vive en la boca de sus hablantes.

2. La vida real del español

Pensemos en cuántas palabras usamos todos los días que no están registradas. Algunas son regionalismos: “achicopalarse”,  “fajar”, “ñero”, “arrechar”, “güiri güiri”. Otras son invenciones populares: “peluchear”, “farandulear”, “tiktokear”.

También hay voces que nacen del contacto entre lenguas: anglicismos adaptados (“textear”), préstamos del náhuatl (“chido”), del quechua (“guagua”), del afrocubano (“chévere”). Palabras que llenan huecos expresivos, que conectan con lo cotidiano, con lo afectivo, con lo inmediato.

3. ¿Por qué no están en el diccionario?

Las razones son varias:

  • Porque la RAE y la ASALE siguen criterios de estabilidad, frecuencia y documentación escrita. Muchas voces populares son orales o muy recientes.
  • Porque hay una tendencia histórica a privilegiar la variedad peninsular o culta.
  • Porque se desconfía de lo que nace “fuera” de los centros tradicionales del prestigio lingüístico.

Sin embargo, esto está cambiando. Desde hace unas décadas, el Diccionario académico ha ido abriéndose a voces de América y al español popular. Pero el proceso es lento, y a menudo las Academias llegan tarde.

4. Palabras con historia… aunque no estén registradas

Hay palabras que no están (o no estaban) en el diccionario, pero que tienen siglos de uso.

  • “Chamba”, en muchos países, significa trabajo. No aparece con este sentido hasta hace poco.
  • “Coger” es normal en España, pero en América puede tener connotaciones sexuales. El diccionario tardó mucho en recoger ese uso.
  • “Ñapa”, del quechua yapa, es usada en toda América para indicar “algo de más”, un “regalito”. Fue ignorada durante siglos.

Estas palabras son memoriason identidadson cultura popular viva. Y su exclusión no puede hacernos dudar de su legitimidad.

5. ¿Y qué pasa con las nuevas palabras?

En la era digital, el español popular se transforma a una velocidad vertiginosa. Cada semana surgen neologismos que expresan nuevas realidades:

  • Verbos como “googlear”, “stalkear”, “wasapear”.
  • Adjetivos como “cringe”, “random”, “boomer”.
  • Sustantivos como “influencer”, “shippeo”, “spoiler”.

Muchos provienen del inglés, sí, pero eso no los hace menos válidos. La historia del español es una historia de préstamos, adaptaciones, mestizajes. La clave está en el uso: si los hablantes los emplean con sentido y frecuencia, son parte del idioma, aunque los diccionarios aún no los reconozcan.

6. ¿Tiene sentido el diccionario hoy?

Sí, claro. El diccionario sigue siendo una herramienta útil para normar, para orientar, para preservar registros históricos. Pero no puede ni debe ser la única referencia de legitimidad lingüística.

La lengua no vive en el papel. Vive en el aire, en las redes, en la calle, en el humor, en el error, en el amor. Y los hablantes —todos nosotros— somos sus verdaderos dueños.

Recomendaciones para pensar y explorar

  1. Lectura recomendada: «La lengua evoluciona de forma natural y es un sistema eficaz en todas las épocas», de Inés Fernández-Ordóñez. Un análisis riguroso y accesible sobre la vitalidad del español en contextos no normativos.
  2. Recurso práctico: consulta el nuevo Diccionario de colombianismos o el Diccionario de americanismos de la ASALE. Verás cuántas voces hay más allá del DLE.
  3. Ejercicio: anota durante una semana todas las palabras que escuches o uses que no estén en el diccionario académico. Luego busca su origen. Es un viaje fascinante.

Recuerda

Lo que no está en el diccionario también forma parte de la lengua. Porque la lengua no es solo lo que se aprueba. Es lo que se vive, lo que se comparte, lo que se nombra con alegría y con orgullo.

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