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La competencia escrita femenina en las cartas del siglo XVI

por Eva Bravo

7 septiembre, 2015
septiembre 7, 2015

En cuanto a la valoración de la competencia escrita femenina en las cartas americanas del siglo XVI, hay que tener en cuenta la especial condición sociocultural de este sector de la sociedad.

Si el Renacimiento favoreció la igualación de clases sociales, también impulsó la igualación cultural entre los sexos, aunque hay que tener presente que no se extendió en toda la sociedad y fue un fenómeno más intenso en Italia que en España.

La afición de las mujeres a la lectura y a los estudios tiene tradicionalmente como exponente a la reina Isabel la Católica. Pero el caso de la reina Isabel, como el de Lucía Medrano -que explicaba los clásicos latinos en Salamanca-, Juana Contreras de Segovia, Isabel de Vergara, la poetisa Isabel Lora y la hija de Antonio de Nebrija -que le sucedió en la cátedra de Alcalá- o el de doña María Pacheco, no fueron la tónica general.

La mujer iletrada en las cartas del siglo XVI

La cartas evidencian que muchas mujeres no saben leer y son numerosas las referencias a otra persona, que es la que escribe o lee la carta a la esposa:

recibí una carta suya de letra de señor compadre Leonís de la Parra (c..55)

me decís que con mis cartas, que os leyó Juana Riqueri… (c.250)

La propia mujer es consciente de esta carencia y manifiesta su falta de competencia escrita y lectora. Sus cartas están elaboradas generalmente por una mano masculina.

En algunos casos, ellas mismas indican quién les escribe la carta:

 Las mujeres no tienen tanto aparejo para escribir y hacer todo lo que hombre querría como los hombres (c.7)

Melchor escribe a v.m. Inés dice que la perdone, que no escribe por falta de escribano, que nunca Melchor le quiso escribir (c.56)

… esta letra es de Manuelico que ya es grandecillo (c.77)

Mi hermano Antonio de Espino es el que escribe ésta (c.284)

La mujer letrada en las cartas

Es tan excepcional que sepan escribir, que cuando Bartolomé Pérez Guillermo escribe a su sobrino y quiere ponderarle a su segunda esposa, resalta:

ella vio la carta que v.m. me escribió, y la leyó, porque sabe leer y escribir, y es avisada (c.226).

Resulta interesante la opinión de Pablo de Mayorzo, que escribe a su mujer, Isabel de Herrera en Triana en 1594 y le advierte al final de su misiva:

       Si es que habéis de venir, envíame de buena letra, no sea de mujer, para que se entienda (c.199)

comptencia escrita femenina

Es decir, la letra de mujer era generalmente peor que la del hombre, consecuencia indiscutible de su precario conocimiento de las letras, caso que tuviera alguno.

Cabe pensar en la posibilidad de que sea debido a esta consciencia del analfabetismo de la esposa, por lo que el marido repite varias veces las cosas en una misma carta: las advertencias para pasar, lo que han de llevar, los saludos a amigos y deudos, etc. como si de una conversación oral se tratara, como si temiese que olvidaría sus consejos al no poder releer la carta.

En algunos casos podemos tener constancia de que escribe la mujer que firma por algún detalle que la misma autora desliza en la misiva. Así, María Bazán de Espeleta se dirige a su hijo, procurador en Jerez de la Frontera, para darle cuenta de la muerte de su padre (c.361):

en tomando la pluma y considerando lo que dicho tengo, van en cada carta más lágrimas que letras, en pensar que, si Dios no me provee de vida, no los veré más […] Creo que no ha de entender bien esta letra, que con lágrimas no veo lo que escribo, y por darle a él y a mi amada hija consuelo con mi letra, no quise que criado mío lo escribiese

y podemos creer que no es un tópico, porque ella misma nos proporciona un dato porque un cambio de página, se equivoca de sentido e inicia la página al revés:

 Mire que tal estoy que el primer pliego de la carta va escrito al revés, y por no escribir otra, se va así.

En general, el marido conoce el analfabetismo de su mujer y en algún caso este hecho condiciona su expresión;  Daniel Lanza Vechia escribe a su mujer en 1589 y no quiere cansarla o quizás, decirle palabras amorosas que otro le habrá de leer:

Y con esto no digo más. Nuestro Señor le traiga a v.m. a mis ojos que la vean. Y porque v.m. no sabe leer, no digo más (c.314).

La competencia escrita femenina en las cartas del siglo XVI está marcada por la condición social de sus autoras y las dificultades en el acceso a la educación.

Desarrollo de un estilo epistolar en América

La carta de María Bazán de Espeleta nos ofrece una valiosa información sobre la correspondencia americana: había ya en 1575 algo diferente en la manera de escribir las cartas en Indias, según se desprende de esta observación:

Tengo conmigo a un sobrino de mi marido y a otro deudo suyo, que se dice Gonzalo Ramírez de Ojeda, que somos él y yo albaceas, que me regalan. Escríbale, porque parezca que se hace cuenta de ellos, y no por más, que yo mando y velo en mi hacienda. Porque vea el modo que acá se tiene de escribir, le envío esa carta que del reino me escribió Pedro Fernández…

Al igual que cambian la letra y la lengua por su uso cotidiano, debieron cambiar los modelos o fórmulas de los manuales, adquirir un estilo que, sin salir de la corrección legal, daba a los documentos y misivas indianas un matiz diferente a los castellanos.

La difusión de la lengua por el continente americano, la expansión social y geográfica con que se inicia la era moderna y especialmente el proceso de creación de la sociedad criolla, provocaron una verdadera fractura en el molde clásico del documento tipificado como carta, incluyendo detalles etnolingüísticos y culturales novedosos en ese tipo documental.

Las cartas de particulares en Indias ofrecen retazos de informaciones o alusiones a cómo se iba constituyendo la variación diatópica en América, las consideraciones socioculturales de muchos de estos rasgos lingüísticos allí y cómo evoluciona el estilo de lengua familiar o formal en este tipo documental.



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Cartas, Mujer, Sociolingüística


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