Documentos y textos, Historia del español

La arroba que me gusta

por Eva Bravo

11 febrero, 2018
febrero 11, 2018

Nuestro mundo actual gira en torno a las redes sociales y al correo electrónico. Tanto en la vida profesional como en la privada, usamos diariamente un símbolo que ya nos resulta a todos familiar: la arroba (@).

El significado de arroba

Un experto te dirá que ese signo @ separa el nombre del usuario del servidor, en el caso del correo electrónico. En Twitter  o Instagram precede al nombre de usuario, etc. Pero la arroba es hoy un signo que alude de forma general a las tecnologías de la información; de esta forma te lo encuentras en un café, un locutorio de teléfono, o simplemente en un servicio de asistencia técnica.

Origen de la palabra arroba

La palabra arroba procede del árabe y significa «la cuarta parte» y hace referencia a una medida que se usaba ya en el comercio romano por el mediterráneo. Como otras palabras de la vida cotidiana, la herencia árabe en la lengua española nos dejó este término para indicar una medida de masa (la cuarta parte de un quintal).

Saber cuánto es una arroba hoy, a cuánto equivale en kilos, es un un poquito complicado, porque depende del país o de la región. Digamos que la cosa está entre 11 y 15 k., según la zona. Si te interesa conocerlo con más detalle, tienes más información aquí.

La arroba en la paleografía

Como es lógico, los signos y palabras recurrentes se abrevian y sus elementos visibles seunen en lo que la paleografía llama ligaduras.

arroba

No ocurre solo con esta palabra, sino con cualquiera de uso frecuente: que, para, en, el, etc.. Sí, los copistas, igual que los estudiantes que aún toman apuntes a mano, sucumben a la tentación de abreviar. En esta imagen puedes ver una página de un documento del 1590 con varios trazos redondos que indican ligaduras. ¿Qué palabras eres capaz de leer?

Pues, como te decía,  la palabra arroba, como tantas otras, se abrevió y las letras que permanecían (la a solo o la a inicial y la s final) se unían por un trazo.

Así que me he pasado la tarde entre «arrobas». Es decir, leyendo documentos que indican la cantidad de comercio en distintos granos y productos de los pueblos mexicanos del siglo XVII, aprendiendo historia de la misma fuente escrita.

Sí, definitivamente…  ¡esta es la arroba que me gusta!

 

 

 


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